domingo, 28 de agosto de 2011

VELERO.

El sol calienta más de lo normal en esta mañana de verano; una apetecible mañana en la que apetece salir temprano a caminar con el aire filtrado de las calurosas noches escuchando a Sabina en el auricular. En Osuna no hay mar, pero esta mañana mi creatividad ha volado al velero de los pies en el suelo.
 Caminaba y pase delante de la puerta de la residencia de ancianos y decidí hacer una visita sorpresa a mi viejecitos. Que cada vez son menos; ya que me hunden, arañan mi esperanza, debilitan mi fe y me rompe la sonrisa.

El crecimiento de un bebe en doce meses es  como un barco que navega por el mar, con norte premeditado,
 Con una vela llena de fuerza  fresca y salada que arañan rocas, navega rápido, sin resistencias, sin miedos a mareas y tormentas; es un crecimiento que ondea  como una ola de verano  como una hoja seca del otoño, sin que nadie pueda oponerse, además es un crecimiento rápido, maravillo y mágico.

En cambio al velero que he zarpado  esta mañana  le he encontrado algunas grietas y goteras, esa barca se adentra en el fondo del océano, se escapa de mi vista.  
 En tan solo doce meses; que fue la primera visita que realice a la residencia, he notado una metamorfosis abismal.
 Sus cuerpos también están en proceso de cambio, sus cabecitas adolecentes de ochenta años se están atrofiando, ya apenas me conocen, me hablan, juegan conmigo, me piden cosas. El color de sus ojos es de gris vacio, unas miradas perdidas,  parecidas a  las de la mujer en el balcón de Dalí, una mirada perdida en la mar, con  tormenta incluida,  cada vez debilita más su fuerza, su optimismo, sus ganas,  su felicidad su barata felicidad a la que se aferran tan grandiosamente.

Hoy no he encontrado una táctica made in tito, esas tan espontaneas que le sacan la sonrisa a cualquiera, hoy no he tenido inspiración ni ganas. Era como un laberinto de cobardes del que quería salir cuanto antes, cuando me ha dado en la  frente la realidad.
La realidad de esta vida; que no cambia, de la que sufrimos, sentimos, amamos, nos enfadamos, reímos; lloramos, bailamos, ese barco que navega con fuerza hasta que se topa con las tormentas y lagunas de la edad. Si se que  la edad es algo relativo, pero el cuerpo se debilita y contra eso salvase quien pueda.

Hoy he sufrido viendo a mis Ángeles de Charlie que casi no me han reconocido, que no se han reído, han pasado de mí como “vallase ya señor pesado”. Y a mis jovenzuelos de pueblos,  eso que contaban su batallitas de jóvenes con tanto ímpetu como si lo revivieran por dios sabe cuántas y a cuantos.

En las tablas que talle en piedra, como Moisés, tatué en mayúsculas SACAR DE LO MALO, ALGO POSITIVO  y eso es lo que me quedara.
Me quedara la experiencia,  el bendito recuerdo de esa risas que hemos echado en las terapias de grupo del día que  me presente allí por primera vez, de lo que me aportaron cada uno de ellos, de las sonrisas que me guardo en mi maleta de esperanza, esa maleta que llevo siempre bajo la piel.
Hoy creo que es uno de los últimos días de visita a la  residencia, prefiero quedarme con lo bueno de las personas, no es que sea un egoísta, creo que la tranquilidad son los remos de esa barca que se adentra en el mar.
Espero que a esa barquita que tanto me ha dado, se le arreglen las goteras, que sus náufragos remen con fuerza hasta el final. Hasta plantar pie en  tierra calma, en tierra santa.
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TITO MANCERA. " A LAS PERSONAS QUE CUIDAN A OTRAS PERSONAS ".

1 comentario:

Ceferina dijo...

Olvidan para olvidar que los han olvidado, que los han dejado solos, la soledad atrofia.
Son viejos, pero además son personas.

Bss.